Visitamos uno de los monumentos más emblemáticos de Granada para descubrir sus tesoros artísticos, conocer el lugar de descanso de Isabel y Fernando y contemplar de cerca los dos grandes armarios-relicarios que custodian una importante colección de reliquias.
Granada está llena de rincones que guardan siglos de historia y que, a veces, tenemos más cerca de lo que pensamos. Uno de ellos es la Capilla Real, situada junto a la Catedral, en pleno centro histórico. El pasado domingo 1 de noviembre nos acercamos a conocer este monumento desde dentro y descubrimos una de sus particularidades más interesantes: la apertura de los dos grandes relicarios que custodian una colección histórica de reliquias vinculadas a los Reyes Católicos.
La visita permite recorrer diferentes espacios y acercarse a una parte fundamental de la historia de Granada y de la monarquía hispánica. Aunque muchas personas conocen la Capilla Real por albergar los sepulcros de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, su interior esconde mucho más.
El último descanso de los Reyes Católicos
La Capilla Real fue concebida por los propios Reyes Católicos como lugar de enterramiento. Su construcción comenzó en 1505 y responde al estilo gótico, aunque en su interior conviven diferentes elementos artísticos de épocas posteriores.
El espacio central está presidido por los monumentales sepulcros de mármol de los Reyes Católicos, obra del escultor italiano Domenico Fancelli. Junto a ellos se encuentra el mausoleo de su hija, Juana I de Castilla, y su esposo, Felipe el Hermoso, realizado por Bartolomé Ordóñez.
Bajo los sepulcros se encuentra la cripta, un espacio mucho más sobrio en el que descansan los féretros de plomo de los monarcas y otros miembros de la familia real. El contraste entre la riqueza artística de los monumentos funerarios y la sencillez de la cripta forma parte de uno de los aspectos más llamativos de la visita.
Los relicarios: una apertura especial
La gran particularidad de nuestra visita fue poder contemplar abiertos los dos retablos-armario relicarios situados a ambos lados del crucero. Se trata de dos estructuras monumentales que, cuando permanecen cerradas, pueden pasar desapercibidas para quienes centran su atención en los sepulcros.
Estos relicarios fueron realizados por el escultor granadino Alonso de Mena (1587-1646). Su construcción fue ordenada mediante una Real Cédula de Felipe IV, en 1630, con el propósito de albergar una importante colección de reliquias que los Reyes Católicos habían recibido de los papas y posteriormente donado a la Capilla Real.
Al abrirse sus puertas, los armarios muestran el interior destinado a custodiar estas piezas, así como la riqueza decorativa y los elementos iconográficos que los convierten en auténticas obras de arte barroco. Sus exteriores también merecen atención: incorporan relieves de diferentes monarcas y representaciones de figuras religiosas, además de escudos reales y símbolos de la monarquía.
La apertura permite apreciar una parte del patrimonio de la Capilla Real que no siempre se encuentra a la vista y comprender la importancia que tuvieron las reliquias y su veneración en la religiosidad de la época.
Un museo que guarda el legado de Isabel la Católica
El recorrido continúa por la sacristía-museo, donde se conserva una parte importante del legado artístico y personal de los Reyes Católicos. Este espacio reúne objetos relacionados con la devoción y la representación de la monarquía, además de una interesante colección de pintura religiosa.
Entre sus fondos encontramos obras de pintura flamenca, italiana y española, piezas de orfebrería, tejidos y libros vinculados a la reina Isabel. El conjunto permite conocer mejor los gustos artísticos de la época y acercarse a la dimensión cultural y religiosa de la corte.
No se trata únicamente de contemplar objetos antiguos, sino de descubrir cómo el arte, la fe y el poder estaban estrechamente relacionados en los siglos XV y XVI.
Una visita para redescubrir Granada
La Capilla Real es mucho más que el lugar donde descansan los Reyes Católicos. Sus sepulcros, la cripta, la sacristía-museo y los retablos-relicarios conforman un recorrido por diferentes etapas de la historia y del arte.
La apertura de los relicarios nos permitió descubrir detalles que pueden pasar inadvertidos en una visita habitual y acercarnos a una colección especialmente vinculada a la historia de sus fundadores.
Una buena oportunidad para detenerse, mirar con atención y redescubrir uno de los grandes tesoros patrimoniales de Granada. Porque, a veces, para conocer mejor la ciudad en la que vivimos, basta con cruzar una puerta y dedicar un rato a descubrir todo lo que guarda en su interior.











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